Es
domingo y se ha levantado cansado, abatido, sin ganas siquiera de
levantar la persiana que le permita ver lo que ocurre ahí fuera. Conoce
de sobra cómo brilla el sol, y aborrece el baile de las hojas agitadas
por el viento. Los últimos meses los ha pasado haciéndose preguntas,
esperando la inequívoca llegada de momentos que durante largos años
había deseado con fuerza. Ahora que podía disfrutarlos temía haberlos
idealizado.
